47.
1:41 PM46 días cuentas, pero yo cuento más hacia atrás, desde que empece a apagarme estando a tu lado y no te diste cuenta, no te culpo, yo tampoco me dí cuenta. Pero me he tomado estos 46 días para hacerlo (para darme cuenta) y que triste todo ese proceso, no por ti. Si no, por mi.
Si es cierto, lo que dices en esa carta, sobre que fallaste, pero yo no te culpo rolito, la verdad no podría culparte nunca ni guardarte rencor, no está en mi naturaleza. Pero si acepto que me equivoqué en muchas cosas yo: en amoldarme a tanto, en callarme, en nunca decirte las cosas que me molestaban (porque de alguna manera terminaban siendo culpa mía o peor: terminaban molestandote a ti), en tener que pedirte tantas veces un abrazo (puedo asegurarte que de todo lo que he vivido en mi vida, esto ha sido lo que mas me ha dolido) cuando no debería nunca tener que hacerlo, en fingir que estaba bien cuando no lo estaba, en pedir disculpas cuando lo que sucedía no era culpa mía y por sobretodo por manipularme a mi misma creyendo que todo era parte de construir algo y que por eso no era fácil, que así era el amor.
Supongo que los dos fallamos.
Me gustaría poder decirte que puedo volver, que puedo tomar un avión y correr a abrazarte. Pero no puedo volver a ser esa persona, ya no soy esa persona. Y no creas que solo recuerdo lo malo (aunque si me pesa bastante), pero mi cabeza se quedó por siempre en esa primera vez que nos vimos y nos fuimos de viaje, en todo lo que dijiste esa vez y en como yo creí perdidamente en todo eso. Me quedé en la sensación que tuve cuando volví a mi casa y en como dije: esto o termina muy bien o me va a destrozar por completo. Mi cabeza se quedó por siempre en la persona que eras conmigo en los conciertos a los que ibamos, o la que una vez me abrazó en medio de muchisima ansiedad y me dijo palabras bonitas para calmarme. Me quedo con el que me iba a buscar al aeropuerto y me abrazaba muchisimo a penas me subia al carro. Me quedo con al que le gustaba vernos jugar a Jero y a mi en las mañanas. Y con el que me decia que me amaba a cada segundo.
Y se que dirás que siempre hago las cosas sobre mi, y creeme, lo que menos quiero es que las cosas sean sobre mi. Pero me pediste que te dijera lo que llevo dentro, y esto no es ni una cuarta parte. No puedo dejar de leer lo que escribiste y preguntarme siempre: ¿que faltó?
Que faltó esa primera vez que me viste empacar porque estaba increiblemente triste y aún así la que se convenció de quedarse fui yo sola. La que te convenció de que me dijeras que me quedara fui yo. Y la segunda vez, en donde me quede sentada en el piso del estudio mientras no decías nada para que me quedara, porque habia sido grosera por ver mi reloj y seguir trabajando y bajar porque simplemente no quería seguir escuchandote hablandome asi y aún así tambien terminé convenciendote yo de que me dijeras que me quedara. ¿Que falto todas esas veces en donde respiré profundo y bajé a pedir disculpas aún sabiendo que no era todo mi responsabilidad, pero que prefería asumir la culpa de todo a volverme a sentir ignorada o dormir en la misma cama sin siquiera ser abrazada?
Te juro que todos los días me persigue esa pregunta: ¿que me faltó?
Muchisimas veces creí que estaba desarrollando un apego ansioso, y todos estos días me ha costado un trabajo enorme en terapia quitarme esa culpa de creer que yo no fui suficiente para sostener un vinculo, cuando la verdad realmente estaba haciendo lo mejor que podía sola, en medio de 500 cambios en mi vida que nadie fue capaz de comprender. Porque si, capaz estabas consciente de los cambios, y siempre decías que mas que nadie entendías lo que yo pasaba. ¿pero comprendias lo que significaba?.
Tienes razón, me cansé de remar sola, estaba exhausta y el saber que tu no sabías si querías estar conmigo cuando yo estaba tan segura (a pesar de todo) de querer estarlo, me terminó de cansar.
No es algo lindo de leer, tampoco es un texto hecho para culparte, solo soy yo expresando todas las dudas con las que me quedé.
Como la duda que se me instaló en el pecho la última vez que tome un avión para ir a verte. Un vuelo que busqué solita, que quise consultar contigo y simplemente no hubo interés. Un vuelo, que aunque no sepas, busqué en medio de mi ansiedad por querer sentirte cerca. Porque llevabas toda una semana distante y eso me estaba matando por dentro. Y al final, como todo, me culpe: porque era yo la que estaba lejos. Y porque la semana anterior te había contado como me sentía, tan poco amada. Y lo mucho que extrañaba escucharte decir que me amabas o que me extrañabas, y como aún así después de esa conversación nunca me lo volviste a decir. Pero me convencí tanto de que era mi culpa.
Y ojalá pudiese ser esa mujer que puede vivir así, sin que le importe nada. Que si su pareja no le responde lindo, o no le da un abrazo, o no la llama para las buenas noches, no le interesa, puede mirar a otro lado y ya. Que si se molestó, y ella sabe que no tiene sentido que se moleste porque no hizo nada malo, lo ignora. Que si de repente le pide una cita para compartir por fuera y el se niega, no le importe y salga con sus amigas.
Pero no soy esa persona.
Porque si de algo estoy 101% segura es que yo soy de las que siente todo, de las que da todo o nada.
Así como esos meses contigo en donde fui todo y menos también.
Y jamás diría que soy perfecta, porque Dios sabe que no lo soy, el no sé si en algún momento se cansó también de escucharme pedirle paciencia, que me ayudara a ver el camino y a ser una mejor persona, una mejor pareja, una mejor amiga. Y yo estaba dispuesta a ser una mejor todo, a tu lado, a mejorar todos mis defectos o que quizá solo quizá tu aprendieras a quererme con ellos.
¿Recuerdas ese último viernes juntos cuando llegaste de viaje y como hablamos?
Quizá no lo recuerdes, pero yo si, especialmente la parte en donde me dijiste: ya nunca me dices nada, y creo que eso no está bien, ¿como te has sentido?
Y parece que en ese momento hice una expresión que no te gustó, te molestaste.
Y ¿advina que? ya no dije nada, no porque no quisiera. Sino porque empecé a disculparme por cual fuera la expresión que había hecho y me dijiste: mejor vamos a dormir.
Y así quedamos.
Si se trató muchas veces de darme mi lugar, muchísimas. Desde la infame boda. Tanto nos pudimos haber evitado. Pero sobretodo, amore, de saber cuidarnos, de saber querernos, de saber hablarnos y por sobretodo: de tener la voluntad de entendernos.
No hay día en que no sueñe con Jero, no contigo. Sino con el. O que incluso no pueda escuchar mas nunca una canción de Blessd, de Carlos Vives, de Fonseca o peor: de Silvestre. Porque no puedo todavía recordar la alegría de ver crecer a Jero en su primer concierto, o de cantar juntos Carlos Vives, o creer que bailaría una canción de Fonseca en mi boda.
Una vez te conté que esto de tener mi tipo de memoria era tanto una maldición como una bendición.
Y en este momento de mi vida, pesa. Pesa muchisimo.
Pesa casi tanto como cuando llamas a tu casa un lugar seguro, porque para mi dejó de serlo hace tanto: desde el momento en el que no pude llorar más estando ahí (¿te diste cuenta de como me fuí sin derramar una lagrima?, al final esa promesa nunca te la rompi: no lloré de nuevo mas frente a ti), hasta los momentos en donde cualquier cosa era una excusa para ni siquiera poder expresarte si algo me molestaba o como me sentia (porque debía respetar la casa). O las veces que me fui a dormir sola porque no habían limites, o cuando me fui sola a las 2am despues de haberme quedado dormida llorando de la ansiedad y tenía que tomar un vuelo que me tenía contenta y lo único que hizo fue pesarme. No me mal interpretes, yo moría por llegar a esa casa, cada 15 días era la mas feliz por estar ahí, no me importaba nunca si tenía que estar sola porque tu estabas viajando y te agradezco infinitamente haberme abierto las puertas cuando más lo necesité. Pero hubo un momento en donde dejó de sentirse como un lugar seguro, y más como un lugar en donde solo debía pretender que estaba bien y cuando ya no pude pretender más, me fuí. Porque siempre me dijiste: tienes que cuidar la casa; y te juro que desde el primer momento en el que me lo dijiste, el unico pensamiento fue: ¿y quien me cuida a mi?.
Y auque haya mucho de por medio, y sienta que llueve todo el tiempo, de verdad no hay rencor en mi corazón, y solo puedo augurarte cosas buenas: que un día quieras realmente trabajar en ti e ir a terapia, porque lamentablemente, los comportamientos no sanos que tenemos no se van con voluntad propia ni hablando con Dios solamente. Trabajar en nosotros mismos requiere un compromiso mas grande, pero sobretodo valor: valor para darnos cuenta de que no somos quienes creemos que somos y voluntad para querer cambiar y mejorar, y sentirnos orgullosos de quienes nos convertimos.
Créeme, a mi no me gustó darme cuenta de los comportamientos que tenía y que me tocó cambiar.
Y como siempre, no digo que seas una mala persona, y de verdad no quiero volver a la dinámica de victimización de siempre, siempre aseguraré que eres de las mejores personas que he conocido nunca, se que ese que yo conocí en su momento, el que me enamoró en una playa y luego de nuevo en la montaña, y que me tuvo desde el primer día sin realmente ser nada, es quien realmente eres. Todos somos seres complejos, y hay partes de nosotros que requieren mas trabajo que otras.
Ojalá un día nos podamos conocer de nuevo, que puedas conocer a mi yo de verdad: la que aunque siempre es divertida y esta contenta, es mucho mas compleja emocionalmente y a veces se descarga un poquito. La que quiere intentarlo todo porque se siente capaz de hacerlo y solo quiere que la apoyen y la animen en el camino. La que tiene millones de inseguridades pero las palabras correctas le dan valor. La que es mega independiente, pero no porque quiere, sino porque le toca y esta esperando poder sentirse lo suficientemente segura algún dia con alguien para poder dejar de serlo. La que se prometió a si misma nunca más ser al mujer del proceso, porque no se volvería a perder ahí. La que elige consistencia, en lugar de intensidad. Y por sobretodo lo que siempre se compromete al 100%, porque para ella siempre es todo o nada.
Ojalá la vida nos de la oportunidad de coincidir de nuevo, y de sonreirnos sin asperezas, o abrazarnos sin tanta tristeza de por medio y reirnos de cualquier cosa, y quien sabe.
Yo solía creer que lo sabía todo, que tu y yo terminariamos en Italia casandonos a escondidas de todos, o con Jero de testigo nada más. Que yo te estaría abrazando en tus momentos mas dificiles, y que tu estarías en los míos. Pero nada es seguro, y al mismo tiempo, no conocemos las vueltas de la vida.
Te amé como nunca he amado a nadie.
Y ese tipo de sentimiento, no se va de un día para otro.
Tuya,
Gaby.
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